
Abre los ojos a un mundo desbastado de pensamientos ilusorios,
Llena la copa con vino añejo desde la amarga vid que le dio origen,
Cierra los ojos y entra en completa oscuridad nocturna,
Que no se cierren solo para seguir ahondando la herida,
O para evocar entre sueños un pasado que solo envuelve entre espina y espina.
Empieza la transformación…
Empieza mi otra vida…
Rompo el silencio y grito con rabia,
Desahogo pleno entre copas desbordantes de sangre,
Solo en aquella ceremonia de cuerpos errantes,
Me valí del líquido vital para recuperar mi vida,
Ahora busco entre sombras nocturnas otra manera de sobrevivir.
Muerta en vida… Pero ¿errante? ¿vacía?
La época de andar sin rumbo ha sido concluída,
Después de vagar un tiempo en medio de esta oscuridad,
La misma noche se convierte en luz que inunda es inspira…
Vuelvo a respirar,
La vida sin dependencia del contacto vacio es mucho más placentera,
He aprendido la diferencia entre goce y sentimiento,
Por ahora más tiempo al goce,
Quizá después más tiempo al sentimiento…
En frente se encuentra el cáliz de lo que no tuve en mi vida anterior,
Lo bebo como sin nunca antes hubiera probado el preciado líquido,
Tanto tiempo en la jaula y tan poco en libertad,
Tanto tiempo con la venda y tan poco en claridad.
Qué desenfreno desmedido desde el momento de la iniciación,
Es como la danza maldita que solo lleva en sus pasos deseo y pasión,
Esos son los nombres de mis dos alas que han vuelto a crecer con más esplendor,
Un dúo que mueve a un ser como yo, pero que también lo puede llevar a la perdición.
Ahora tengo el control, he vuelto a saber quién soy,
Nunca más presa de las afirmaciones sobre mi ser del demonio en mi interior,
Y del demonio exterior se encargó la naturaleza misma que todo lo cobra y en su justa medida.
Pero el ángel también se me escapó,
Y cómo cuestan las malas elecciones,
De nada valió enmendar,
De nada vale ahora extrañar…
Mi ángel me mató,
Dueño de tanta luz y aún así me acribilló,
Con la palabra dicha a destiempo por su boca irresistible,
Tuve ganas de callarle sellando sus labios con un beso,
En mi mente así fue y se repitió la fantasiosa imagen mil veces,
En la realidad la distancia empezó cuando mi espalda dio inicio al orgullo.
La brecha fue cada vez más grande,
Las noches cada vez más frías,
Mi ángel ya no está y de nada vale extrañarle.
Fue parte de la vida que ya no tengo,
Y ahora el ave nocturna ha impregnado toda mi esencia,
El día ya no me llama, ahora la noche es mi luz,
El cáliz se llena cada vez que quiero y se llena nuevamente hasta desbordarse
De él bebo y bebo hasta calmar aunque sea un poco este ser insaciable que desde ahora me acompaña y que se ha hecho parte de mí…
Más tiempo al goce,
Menos al sentimiento,
Por ahora será así,
Es lo que quedó de la fatal ceremonia de cuerpos errantes,
Es lo que se lleva mi cuerpo en esta, su segunda vida.
Sigo caminando, espectro blanco en su piel, negro en su alma, gris en su condición…
Más carmesí, casi a fuerzas, para preservar la existencia,
Pero la fuerza sale del interior y de la experiencia,
La alquimia inunda de nuevo el aire,
El cuerpo se intoxica… El cuerpo respira…
Por: Gise MacVak.
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